Mi vida es una constante frustración. Me ilusiono con facilidad y de la misma manera me desilusiono. Supongo que esos instantes de alegría valen la pena posterior. Deseaba ir a Phoenix a ver y oír y oler (y lamer) a Miss Fiona Apple McAfee Maggart en el Teatro Dodge (ya estaba alardeando con mis ciber-colegas) y no voy a ir. En principio, los miserables treinta y cinco dólares del boleto me alentaban; después, cuando analicé el traslado, el hospedaje y los gastos propios de un viaje de esta naturaleza, se fue todo al carajo. Es demasiado dinero para hora y media de espectáculo. Pero no es sólo eso, claro, sino que tengo el compromiso diario con el periódico (qué difícil es, prefiero colaboración dos veces por semana) y justo en esos días hay partidos que me exigirían adelantar trabajo (al menos dos artículos) para estar allá sólo el día del concierto y regresarme en la mañana del siguiente en vergiza y descontextualizado de la Copa Mundial de la PIJA. Es demasiado. Lo siento por mi Fiona, que cuando mire al público buscándome no me encontrará. Será en otra ocasión, espero. Esta vez el capital y el calendario nos jugaron en contra.
¿Por qué no vienes directamente a Hermosillo?
