Archivos mensuales: Septiembre 2006

GALEANO

Ayer hice algo que no hacía desde mi adolescencia: caminar por una banqueta sin pisar alguna línea divisoria entre las placas de concreto, a lo Jack Nicholson en As good as it gets (creo tener algún tipo de trastorno obsesivo-compulsivo, que controlo descargando y archivando multimedia que en la mayoría de las ocasiones no escucho o veo). Estaba contento, supongo, por haberme encontrado con el querido Eduardo Galeano en una feria del libro llena de best-sellers, autoayudas y cosas piores, como políticos y sus lamehuevos y mascotas y/o cachorros del sistema tomando frappuccinos con popotes. Aunque aclaro que no todo era mierda. También había bohemias de faldas y cabellos largos que hacen suspirar a cualquier inculto con su no sé qué y la idea de ver sus largas faldas desordenadas sobre la televisión o el escritorio o la silla o el piso.

A la feria fui a ver un documental sobre Alonso Vidal. Y tan burdo resultó que, sin conocer su obra, estoy casi seguro que se volvería a morir si lo viera. A mí los homenajes póstumos no me gustan, ni los discos póstumos, ni nada póstumo. Siempre creo que quien los organiza busca hacer algo de pasta aprovechando la impunidad de tener al artista muerto. Prefiero, en todo caso, los homenajes en vida, pero no los homenajes grandilocuentes como éste.

Estaba y estoy contento porque encontrarme a Galeano sin precisamente buscarlo, después de haberlo buscado tanto y por tantas partes, es siempre grato. Para mí, Galeano es como dice Sting sobre Paul McCartney: un tipo que no está tan alejado que hace cosas que tampoco lo están o pretenden estar. Por ejemplo, en el documental recitaron, Gerardo Peña y otra Peña, algunos poemas de Alonso Vidal y, por lo que pude escuchar del deficiente audio, estaban cargados de palabras domingueras, de ésas que alguna vez uno se topa en un diccionario y nunca usa por ser demasiado mamonas. Obviamente, no puedo juzgar la obra de Vidal sin haberla leído, pero tampoco ocultar que ésa es la impresión que este documental macana me deja; lo que debería preocupar al realizador y más a los verdaderos amigos de Vidal (a menos que ellos también hayan recibido beca para aplaudir y mamar frappuccinos de popotes). Me pregunto, como creo que más de uno en la sala, por qué se esforzaron en eludir la evidente homosexualidad de Vidal. ¿No quiso Edward Walker Bush?

Estoy leyendo El libro de los abrazos de Eduardo Galeano y Poemas de la oficina / poemas del hoyporhoy de Mario Benedetti, que un día con mucho esfuerzo, contando peso por peso, le regalé a mi madre en algún cumpleaños (ahora es mío y de mi otro yo porque nunca supe si leyó mi madre algún verso de quien dice haber saludado alguna vez en la Ciudad de México). Y en ellos, en El libro de los abrazos y Poemas de la oficina / poemas del hoyporhoy, no encuentro nada falso o forzado como en lo de Alonso Vidal. Quizá por eso los disfruto tanto. Tanto que por momentos me obligo a dejarlos para no acabar de leerlos, algo que contados autores, el Marqués de Sade, Voltaire, J.D. Salinger, Tennessee Williams o Josep Pla, me producen o me han producido. Y, quizá, por eso me encuentro otra vez caminando por las banquetas sin pisar las líneas divisorias.

FRASE: “Es parte de la ignorancia y la desinformación que tienen estas gentes”, Lulú de Bush hablando sobre gentes pobres que ni la Biblia leen o bautizadas están, gentes ignorantes y desinformadas que mandan a sus hijos a los Estados Unidos a sufrir. Para que no haiga gentes tan ignorantes y desinformadas, propongo vetar todos los libros, organizar cabalgatas cada dos meses (se roza el Lalo si las hacemos cada mes) y llevarlos a ver a los Naranjeros gratis. ¡Ajúa!